04-08 en un zip
Siento ganas de llorar. Estaba mirando en favoritos... y he visto mi antiguo blog. Y he visto cómo empezó todo entre él y yo. Entonces he dejado la pereza a un lado y me he puesto a actualizar mi documento word con todos mis archivos personales. Lo último que había era algo muy íntimo sobre lo que pensaba de él y yo. Me ha dado miedo leerlo. Se me ha hecho un nudo en la garganta. He decidido no leerlo. Y ahora incluso creo que voy a llorar.
He comprobado que todos los posts de mi antiguo blog estuviesen ya guardados. Y he comenzado con el "nuevo". Mienteme susurrando tiene ya más de un año. Tanto como meses hace que le conozco. Desde que esta fatal historia comenzó. Y yo no siento más que es la única persona a la que quisiera no haber conocido jamás. Porque creo que no merece la pena todo lo que pasamos, ni lo bueno ni lo malo. Que nunca aprenderé nada de esta experiencia. Y me trago este nudo, y me lo guardo bien adentro, porque no quiero que vuelva a salir. Al llegar a marzo, ya que abril todavía no ha acabado, he guardado el documento, y lo he cerrado. Y, por primera vez, he decidido hacer un archivo zip y guardarlo en otro lugar. Si no me equivoco hay documentos desde noviembre del 2004 recopiladas en 193 páginas. De momento.
Siento que hay mucho amor y desamor en este documento. Y hoy, que me siento más bien pesimista, reflexiono y creo que no me ha servido de nada.
De qué sirve que sea domingo y no poder hacer nada. No sentirte querida por mucho que te abracen. Que no hay química y que la conversación no es tu fuerte. Que por muchos días de fiesta que haya nunca harás nada especial. Que una vida sin opiniones, sin ambiciones, no es vida.
Igual debería cambiar de punto de vista. Cuando uno se da cuenta de que la cosa no funciona siente miedo.
Miedo de que me entren las abejas en casa. De despertarme con ellas entre las sábanas. A quedarme sin aliento. A ser sincera. A dar la cara. A que la realidad se desentienda de mi cuerpo.
El jueves tuve que coger el tren. Desde el mismo momento en el que salí corriendo de mi casa una realidad paralela se hizo conmigo. Si alguien ha leído "el mundo" de Juan José Millás, seguramente sabrá de lo que hablo. Efectivamente el mundo adquirió un color diferente. Los sonidos, la luz, las voces... las páginas que estaba leyendo. Todo adquirió un cáliz de realidad paralela. Así como el protagonista de este libro accede a esta realidad nueva a través de la verja del sótano del vitaminas, yo.. al salir de casa o quizá, un poco más tarde, al traspasar la puerta del tren y oír su pitido estridente de cierre de puertas... entré. Entré en esa paralelidad que me hizo sentir sola. Muy sola, pero cómoda. Iba como flotando por el mundo. Como si todas las voces me susurrasen algo al oído. Y lo entendía todo como un todo revelador y natural. Y me sentí en paz. Conforme. Yo conmigo misma en una armonía luminosa que todo lo envolvía. Pero desafortunadamente se acabó al llegar al punto de partida. Me pregunto si, cuando vuelva a montarme en ese tren volverá a ocurrir. Y me cuestiono también si es posible vivirlo en compañía.
Y algún día... volveré a volar.
He comprobado que todos los posts de mi antiguo blog estuviesen ya guardados. Y he comenzado con el "nuevo". Mienteme susurrando tiene ya más de un año. Tanto como meses hace que le conozco. Desde que esta fatal historia comenzó. Y yo no siento más que es la única persona a la que quisiera no haber conocido jamás. Porque creo que no merece la pena todo lo que pasamos, ni lo bueno ni lo malo. Que nunca aprenderé nada de esta experiencia. Y me trago este nudo, y me lo guardo bien adentro, porque no quiero que vuelva a salir. Al llegar a marzo, ya que abril todavía no ha acabado, he guardado el documento, y lo he cerrado. Y, por primera vez, he decidido hacer un archivo zip y guardarlo en otro lugar. Si no me equivoco hay documentos desde noviembre del 2004 recopiladas en 193 páginas. De momento.
Siento que hay mucho amor y desamor en este documento. Y hoy, que me siento más bien pesimista, reflexiono y creo que no me ha servido de nada.
De qué sirve que sea domingo y no poder hacer nada. No sentirte querida por mucho que te abracen. Que no hay química y que la conversación no es tu fuerte. Que por muchos días de fiesta que haya nunca harás nada especial. Que una vida sin opiniones, sin ambiciones, no es vida.
Igual debería cambiar de punto de vista. Cuando uno se da cuenta de que la cosa no funciona siente miedo.
Miedo de que me entren las abejas en casa. De despertarme con ellas entre las sábanas. A quedarme sin aliento. A ser sincera. A dar la cara. A que la realidad se desentienda de mi cuerpo.
El jueves tuve que coger el tren. Desde el mismo momento en el que salí corriendo de mi casa una realidad paralela se hizo conmigo. Si alguien ha leído "el mundo" de Juan José Millás, seguramente sabrá de lo que hablo. Efectivamente el mundo adquirió un color diferente. Los sonidos, la luz, las voces... las páginas que estaba leyendo. Todo adquirió un cáliz de realidad paralela. Así como el protagonista de este libro accede a esta realidad nueva a través de la verja del sótano del vitaminas, yo.. al salir de casa o quizá, un poco más tarde, al traspasar la puerta del tren y oír su pitido estridente de cierre de puertas... entré. Entré en esa paralelidad que me hizo sentir sola. Muy sola, pero cómoda. Iba como flotando por el mundo. Como si todas las voces me susurrasen algo al oído. Y lo entendía todo como un todo revelador y natural. Y me sentí en paz. Conforme. Yo conmigo misma en una armonía luminosa que todo lo envolvía. Pero desafortunadamente se acabó al llegar al punto de partida. Me pregunto si, cuando vuelva a montarme en ese tren volverá a ocurrir. Y me cuestiono también si es posible vivirlo en compañía.
Y algún día... volveré a volar.

