Traummann
Primero empecé el proceso de elaboración pensando cosas simples, con lo cual ya tengo para rato si tenemos en cuenta de que soy casi analfabeta hablando alemán.
LLeva gafas. Es blanco hombre. Las cejas… Es bajito hombre. Tiene pequeña naríz… entonces miré al profesor y me dije, dios mio, no puedo decir esto, se parece a él.
Sigo reflexionando mientras mis compañeros hacen el ejercicio. Pero ahora dejo el alemán y reflexiono para mí misma.
Es gordito. Con barba de un par de días… la naricita… tan pequeñita, que era monísima. Y su forma de vestir, tan impoluto. Es trabajador, activo, despierto. Es suave. Me gusta su seriedad y cómo lo controla y domina todo a su alrededor. Su presencia es siempre agradable y es atento.
Una imagen demasiado clara se dibuja en mi mente. Cada pelo, cada poro, cada vena. Todo. Los olores, sus dedos… a quién pretendo engañar.
Si no estuviera con otro… quizá…
Pero escampo el humo de mis ideas e intento pensar claro. Hay mucho, mucho más de lo que definiría como mi hombre ideal… porque sólo es “ideal” y eso no existe.
Ni quizá ni nada. NA-DA de Carmen Laforet.
Lo curioso es que Traummann, hombre ideal en alemán, a mi a lo que me suena es a hombre trauma. pfffffffffffff