La desagradable es descubrir que en pleno febrero es primavera. Ir hacia el trabajo atravesando un parque e irse quitando capas y capas de ropa. En el parque, encima, hay un montón de niños de un colegio cercano jugando, riendo, gritando. Todos con los cabellos brillantes al sol, sonrientes. No es primavera, ni verano. Y tienes que ir al currelo.
La sensación buena es cuando alguien te gusta y le comes a besos por primera vez. Y entonces ya me quedaría con muchas otras primeras veces. Y la sensación del día siguiente. Esto me hace ponerme triste. No se puede tener todo.
Últimamente mi compañera de piso me despierta. Me gusta, me encanta. Si me despierto muy tarde incluso me encuentro a mi compañero de piso. Y entonces es un festival porque nos lo pasamos mogollón de bien. Yo me quedo entre las sábanas… oliéndome. Me arrebujo como si tuviera frío, y disfruto de la luz matutina.
A veces acabamos todos en mi habitación hablando. O en el pasillo haciendo como que abrimos la puerta del baño cuando él está en la ducha.
Hoy también me he hecho un poco la remolona, y cuando ha venido a espabilarme yo estaba allí escondida. Oliendo.