Sergio
Era una mañana de domingo. De fiesta en cualquier caso. El día anterior habíamos estado en el bar de confianza, con unos amigos. No es que fueran exáctamente colegas, pero allí en el bar nos conocíamos todos y hablábamos todos con todos. En fin.
Yo no veía nada, yo solo le veía a él. Sergio.
Sergio era el bueno de dos hermanos. Siempre preocupado, melancólico, deprimido, triste. Siempre sencillo. Y muy friki para su tiempo. Sergio tenía sus mesa de mezclas en casa. Siempre vestía muy bien. Era un chico correcto, amable. Y como no servía para estudiar trabajaba en el bar de su padre. Cuando iba de fiesta pasaba desapercibido y era muy discreto e invisible.
Yo tenía unos 14 creo y él rondaría los 19. Y me enamoré como una boba. Me enamoré tantísimo que aquel día en el bar, cuando dijo que no podía salir porque trabajaba al día siguiente con su padre en el bar… yo me atreví a decirle “ya iré yo a verte”.
Claro que yo no pensé que él casi no sabía ni que yo existía, que yo le importaba un pimiento, y sobre todo… ¿qué es esa cosa de forma de vestir indefinida, llena de granos y con un pelo horroroso que me está hablando? Era yo con 14. Un asco.
Pues bien. Tal y como le prometí al día siguiente fui a verle al bar.
Ahora que lo pienso…. QUÉ VERGUENZA.
Por la noche estaba tan emocionada con la idea de ir a verle que casi no dormí. Y por la mañana me desperté tan pronto que el sol apenas salía. Me “vestí”, cojí mi moto y me fui a verle.
Cuando entré en el bar mi mundo se derrumbó supongo. Yo me había imaginado un bar solitario en el que sólo estaríamos él y yo. Lo que encontré fue un montón de paisanos leyendo el Marca y a él y su padre ocupadísimos. Pedí… un batido creo (se puede ser más ridícula) y tras apenas saludarme siguió con su trabajo.
Luego su padre le envió al banco. Y desafortunadamente, una vez salió por la puerta, se le olvidó algo. Así que su padre me dijo, “verdad que le conoces?” Yo respondí afirmativamente, y entonces me envió a mi también al banco. Qué verguenza. Allí estaba yo, entrando en el banco, para darle no recuerdo qué… y luego desaparecer para siempre porque no sabía ni qué hacer con mis manos. Ni nisiquiera qué pintaba yo allí con ese chico tan soso, tan pálido, tan serio e inexpresivo que en cambio era el amor de mi vida y la luz de mis ojos en mis sueños.
Hace muchos años que no le veo. Nunca supe gran cosa de él. Espero que las cosas le vayan mejor.
Todo esto me vino a la cabeza hace un par de días. Ni siquiera sé por qué. Ahora me pregunto como una niña tan tímida y transparente como yo se atrevió a ir a verle a aquel bar. A cruzar siquiera la puerta. Fue un acto ridículo, pero ahora lo veo también como de gran valentía por mi parte. Nunca le dije que me gustaba, pero ahora pienso que seguramente él ya se dió cuenta después de eso (aunque yo no lo pensé).
Yo siempre estaba triste porque él no me hacía caso. No reparaba en mi presencia. Sufría por parecer algo ante él. Por ser más lista, más guapa, más su tipo. Y nunca pasó. Y siempre me reñía a mí misma porque sabía que no podía estar triste delante de él, porque después de todo a nadie le gustan las personas tristes.
Y yo no podía fingir.
Ojalá le volviese a ver.