sueños II
Cuando era pequeña al lado de la tienda de mi madre vivía una señora mayor. Ahora ya no vive allí y la casa está relativamente abandonada. Nunca he estado en esa casa, nunca llegué a atravesar el umbral de la puerta.
Y hoy he soñado que franqueaba esa puerta. Yo, y alguien más, una presencia joven y masculina, me acompañaba. La casa era enorme, no se acababa nunca. Oscura, polvorienta, abandonada, antigua. Las ventanas estaban cerradas y entre las rendijas de las contraventanas apenas entraba un halo de luz. Avanzábamos por el pasillo interminable y dejábamos atrás la salita en dirección a la cocina, que adivinábamos al fondo de ese inmenso corredor. En un momento que mi compañero se queda rezagado yo me adelanto, y las puertas a ambos lados se abren a mi paso. Me asusto. Tengo miedo. Tras las puertas, que se abren con quejumbrosos chirridos se adivinan entre las sombras camas cubiertas de apolillados edredones de terciopelo granate. Reina el olor a húmedad y los ruidos sordos, opacos. Tengo miedo… y sé que nunca llego al final del pasillo.
Significado: la casa significa nuestro interior. Nuestro estado de ánimo. Peleas amorosas, pesares, tristezas. Quizá disputas familiares (que no creo).
Posiblemente también cansancio e imposibilidad de resolver situaciones por mí misma. Retrasos, obstáculos.
Yo sé que no llevo mis asuntos bien, pero no puedo llevarlos mejor, y por ello no me preocupan. Si no estoy preocupada… ¿por qué todos estos sueños?
¿De qué me están alertando?