dile…
Miénteme susurrando y dime que me quieres. Primero me enviarás un mensaje al trabajo diciendo que llegarás antes de lo previsto. Luego me llamarás para decirme que vienes a buscarme. Y luego te quedarás conmigo. Miénteme. Quiero que me mientas.
Que me expliques mil historias imposibles sobre lo que podríamos hacer juntos y nunca haremos. Y es mentira, y yo lo sé, pero me hago la inocente y te digo que sí, asiento cada vez que me dices cuánto me quieres y hasta qué infinito rincón irías por mí. Hasta qué recóndito paraje irías a enterrar un regalo secreto para mí.
Que me expliques mil historias imposibles sobre lo que podríamos hacer juntos y nunca haremos. Y es mentira, y yo lo sé, pero me hago la inocente y te digo que sí, asiento cada vez que me dices cuánto me quieres y hasta qué infinito rincón irías por mí. Hasta qué recóndito paraje irías a enterrar un regalo secreto para mí.
Dime, me quieres, y yo te creeré. Y te aceptaré entre mis brazos. Te diré un “yo también”.
Qué más da jugar a mentirnos si ambos estamos de acuerdo. Miénteme, miénteme. Pero en susurros, con una leve voz apenas perceptible. Dame tus manos. Cógeme por el hombro.
“Sí, yo también.”