¿Hasta qué punto somos capaces de pensar en pasado y no reflejarlo en el presente?
Como un ritual podemos vernos cada día a la misma hora. Podemos hablar de pequeñas cosas. Y entonces buscar, quizá, el momento de verse a solas y darse ese abrazo y ese beso. Y ya está. No hay nada más. Y tampoco es necesario. A veces consiste solamente en decirse que todo estuvo bien y que te deseo buenas noches y hasta mañana.
Quizá con tanto correo electrónico, chats y llamadas hemos perdido el sentido del tacto y consiste en recuperarlo de alguna manera.
O quizá haya algo más.
Yo siempre supe que habría un continuará. Un algo más que me dejase dejar las cosas tranquilas y en paz.
Un momento de calma.
Y eso es todo. Porque no hay nada más. No hay dobles sentidos. No hay pensamientos ocultos. No hay malas intenciones, ni tan solo buenas. Sólo una llana sensación de paz.
Y es lo único que me hace sentir bien estos días, gracias a dios.