Friday, August 17, 2007

algo que he dejado caer sin ganas:

Sus carnes bonachonas cruzaron a la acera de en frente. Una señora le miró de reojo al pasar. “Qué coño mirará”. Pero pronto se le fué la mirada hacia el escote de una chica que le venía directamente de frente. Se miraba al escaparate de una tienda de ropa. Pensó en aquellos pechos y en cuánto tiempo hacía que no tocaba unos, al menos bien firmes.

“Buenos días don Manuel”. “Buenos días”

“Una barra de pan por favor”

Su panadera de confianza conocía ya sus costumbres, a las 13.05 más puntual que un reloj, acudía religiosamente Don Manuel a comprar su barra de pan.

Una niña le observaba desde su pequeño mundo. Gordo, grasiento. D. Manuel Torres no brillaba por su pulcritud, sino más bien por el sudor de sufrente, que se regalaba desde su priminente calva de 40 años que le hacía aún más viejo, y su frente arrugada, como de mal humor. Se limpiaba el molesto sudor con un pañuelo gris, con los bordes ajados. Su rostro y su cuello lucían una rugosa piel de naranja.

Pobre Manuel, ya no le quería nadie. Ni siquiera su madre, con la que vivía. Una señora eternamente vestida de negro tan escuchimizada que los perros la seguían con la mirada, cual hueso andante.

 

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Una mañana de agosto recibí una llamada y me dijeron que se había muerto. Murió recordando que no había sido nadie y que nunca llegó a mi corazón. Sólo a partir de entonces me di cuenta de que había habido algo más. No me presenté al velatorio. Al cabo de dos días intentaba mantenerme serena entre personas que conocía de oídas, mientras el cura parloteaba y la gente lloraba. Me mantuve en una de las filas de atrás mientras el cura bendecía el féretro y el albañil procedía a poner los últimos ladrillos.

Aquí yace… pero ya no estaba allí. Miré a mi alrededor compungida, observando a los familiares que se saludaban, sonreían y comentaban algunas anécdotas. Otros se dirigían a sus coches, y yo, que había acudido caminando, me quedé, paralizada, esperando a que algún milagro apartara mi vista de aquella escena.

Me adentré en el cementerio, y observé los diferentes mausoleos que se presentaban a lo largo de los pasillos interminables. Flores marchitas, fechas del pasado. Muertos olvidados.

 Me penó no haber estado el día de su muerte, ni el anterior, ni el anterior, ni al anterior… me culpé de  no haber valorado sus gritos ahogados que clamaban pidiendo ayuda  en aquellos silencios a través de la línea.

Todas aquellas llamadas egoistas que hice… y ahora, ya no está.

 

Una mañana de agosto me desperté sabiendo que ya no estaba. Llamé y nadie contestó. Quién me iba a decir que las manos de su padre temblaban sosteniendo el teléfono, aterrado por el quién será.

Al día siguiente una amiga se puso en contacto conmigo y me lo dijo. Nos dejó por la mañana.

Yo sentí su suspiro traspasar mi cuerpo al alba.

Sentí angustia y duelo. Las lágrimas no me abandonaron en ningún momento. No pude trabajar y me fui a casa. No acudí al velatorio y no quise ver a nadie en dos días.

 

Una mañana de agosto le sentí por última vez. Salió de un aliento que me abrió los ojos. Había quedado claro, más claro que nunca. Ahora tocaba olvidar. Olvidar a los muertos que no lo merecen. Apartarle de mi mente y despedirme dignamente.

 

Recibí una llamada el 16 de agosto mientras sostenía un tazón de leche y mojaba dos galletas insípidas con sabor a cartón. Me pregunté quién sería, y al otro lado de la línea oí mi nombre entre temblores. La reconocí al instante. Hacía meses que no hablábamos, le pregunté qué pasaba. Al decírmelo, se puso a llorar. Le supliqué que me dejara llamarla más tarde.

Me arrepentí de haberle llamado, aquella mañana del 16 de agosto en cuanto el teléfono, harto de sonar, dio la señal de ocupado.

Sentí que nuestra vida juntos había sido una mentira. Sentí que yo había sido una gran mentirosa. Una farsante.Sentí mi vida arruinada para siempre, igual que aquel “adiós para siempre” que me dijo una y otra vez. Una vida convertida en escombros en la que me perseguiría su muerte accidental como si se tratase de la mía propia.

La llamé llorando a las 15.30 y le pregunté los detalles. Tras aproximadamente una hora al teléfono, colgué y seguí llorando.

No comí, no respiré, y deambulé por la casa haciendome heridas de culpabilidad y dando puñetazos al suelo por no dejarme huir. Huir de mi realidad. De mi inmensa ignorancia.

Fue un 16 de agosto cuando todo quedó claro y yo dejé de respirar. Ya no estás conmigo. Ni lo estarás jamás.

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Tuesday, August 14, 2007

hoy

Hay días en los que me alegro de no ser una inmigrante. O una inmigrante sin papeles, o una inmigrante en otro continente.

E imagino un mundo al revés en el que los negros (y no, no digo gente de color porque es una parida, son negros y punto) dominan el mundo, y los blanquitos deviluchos emigran a sus ricos países en busca de trabajo. Me imagino buscando con insistencia un trabajo en cualquier ETT por un sueldo de 6 euros la hora.

Y me imagino quedándome sin trabajo cada dos por tres, sin poder estudiar en algo que me gusta y sin el pisito tan guay que tengo. Me imagino vestida totalmente out of fashion en un mundo que no es el mío y hablando una lengua a lo guaxipei.

Y me digo que tengo mucha suerte.

Por otro lado hoy estoy contenta. No sólo porque mañana es fiesta, sino porque hoy ME GUSTA MI TRABAJO. Estoy totalmente absorta traduciendo un test. Y me lo estoy pasando bien. Además hoy hago un poco lo que quiero y voy a mi ritmo, lo cual resulta ser bastante productivo.

En tres cuartos de hora seré libre y me entregaré a la tortura depilatoria. Mañana playa.

Hay días que me muero, ayer llevaba una cara de pena que no se me aguantaba, y hoy, hoy he vuelto.

 

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Monday, August 13, 2007

b

Me gustaría saber si esto es sólo cosa de mujeres o si a los hombres también les pasa, porque la verdad, nunca he oido comentar al género opuesto nada sobre el tema, que es:

cuando te enamoras con 15 años.

Ese amor que te hace imaginar cosas imposibles. Que te hace tener una esperanza ciega en que algún día la otra persona aparecerá como si nada y te besará y saldreis juntos. Esas noches abrazando a tu almohada e imaginando que es él. Besándole, tomándole. Y acto seguido dándote cuenta de que son todo ilusiones creadas por tu imaginación y la alegría se convierte en tristeza. Y te dan las 4 de la mañana pensando y llorando y abrazando tu almohada.

Cuando le ves no puedes dejar de mirarlo, y te da esa cosa en el estómago. E incluso te crees que él siente lo mismo perque que no se le nota, que no te lo quiere decir.

Y cuentas los días a partir del último que le viste, y piensas y calculas cuándo le verás de nuevo.

Y si está con alguien… piensas que no le importa, y que está jugando al gato y el ratón y tarde o temprano vendrá con tigo.

 Las cosquillitas en el estómago, la alegría desmesurada, una tristeza miserable. Se convierte en el único tema de tus pensamientos y ocupa tu vida al 100%.

Afortunadamente cuando pasas esas edades…. pufff se esfuma. De acuerdo que sigues sintiendo el amor, pero ya no de aquella manera. Igual es que de tanto usarlo se desgasta. Yo puedo contar que me ha pasado… al menos 5 veces.  Y siempre son amores no correspondidos… porque si es correspondido nunca llegas a sentirte tan jodido, no es la misma situación.

Es ese amor estúpido, desmesurado e inconsciente. No sabes de dónde surgió ni si algún día se marchará. Parece infinito e impenetrable, pero no lo es para el olvido.

Y es mejor no decírselo a nadie… porque es mucho más placentero vivirlo en silencio.

 No se puede volver a tener 15 años. Pero sí se puede sentir el recuerdo.

 

 

 

¿En qué mundo vivías que no sentiste nada semejante hasta hora? ¿Qué sentías si con 15 años no sentiste esto? Es que los hombres no sienten?

Ultimamente hay pocas cosas que me quiten el sueño. Creo que un día me senté sin querer en una nube que reposaba en mi balcón, y luego me llevó con ella… y ahora soy yo la que no se da cuenta de que se ha ido. Mienteme, mienteme susurrando. Suspírame al oído cuentos olvidados y leyendas de personajes imposibles que existieron allá en los bosques más remotos, sumergidos en los mares o sepultados en la tierra. Inhumanos, putrefactos, desdichados. Susúrrame que nuestra historia no ha comenzado hasta que un día caiga de mi letargo. Susúrrando, dime, que no existe la poesía y que tus labios soplarán mis miedos, me protegerán del espanto. Ahuyenta las pesadillas que me aterrorizan, empújalas con tus manos. Arrodillate y suplica, la voz palpitante. Pero sobre todo, no llores.

 

 

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Friday, August 10, 2007

la frente marchita

Hace un par de días que tengo una espinita clavada. la famosa espinita en el corazón.

¿Quién me la sacará?. ¿Cómo se saca?

Sin venir a cuento el otro día soñé que un antiguo “casi novio pero historia rara que ahora no contaré” me decía:

- Ahora tengo novia, así que olvídate de mí. Y yo le decía,

- pero si ya está, a buenas horas mangas verdes.

 Y es muy raro porque no recuerdo haber soñado con él… nunca, creo. Además se trata de un capítulo más que superado. Y además, qué raro… ¿por qué de pronto aparece y me dice que le olvide?

El universo de los sueños… nos muestra una vez más nuestros miedos más escondidos. Ahí en el fondo de alguna manera, ha venido para decirme (o eso creo) que a veces hay que olvidar. Que uno no se puede alimentar de amores imposibles por y para siempre. Que después de mucho tiempo de pasarlo mal igual es el momento de hacer las paces con nosotros mismos y desatar ese cabo, para ir a la deriva, hacia una dirección incierta.

Ya nos hicimos daño, ya te hice daño, quizá tu a mí sin que tu lo sepas… por quién eres, por cómo eres, por cómo me tratas y por tu sola existencia. Así que igual merece la pena desligar esa cuerda y dejar de hacernos daño.

Volver con la frente marchita 
las nieves del tiempo, platearon mi sien 
sentir que es un soplo la vida, 
que 20 años no es nada 
que febril la mirada 
errante en la sombras te busca y te nombra 
Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo 
que no ha de volver. 

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work work work

Resulta que casi casi se me acabará el trabajo. Ayer estuvimos dando un repaso aquí en la oficina a las cosas que había hecho, y les costó un buen rato encontrar algo que pudiera hacer. La carpeta anterior también fue un poco como de relleno, y ahora veo que esto se acabará antes de lo que creo.

Y NO ME IMPORTA.

No cobro mal. La verdad es que es la primera vez que cobro algo decente durante más de un mes. Hago más o menos lo que quiero, sin presión, tranquila, demasiado tranquila. Pero odio mi trabajo. Y así como cuando quería encontrar un buen trabajo para el verano estaba preocupada por si lo encontraría o no, ahora, estoy deseando perderlo y tirarme a la aventura de la búsqueda. A la mierda con todo.

Estoy deseando que me digan… vale, esta es la última carpeta que tienes que hacer… tomarme mi tiempo para hacerla, darme un par de días sin pensar en nada, y ponerme a buscar como una loca por todas partes. Porque ahora, más que nunca, sé que puedo hacerlo. Y tengo tanta certeza de ello que no me da miedo nada.

Lo único que me asusta es que aparezcan carpetas de la nada y que el trabajo dure más de lo que yo esperaba… y odio mi trabajo.

Sin duda, si ahora me dijeran que me dan un coche de empresa, me buscan un piso y me hacen la comida…  no lo aceptaría, a la mierda con el trabajo. De lo que se trata es de estar bien. Y qué si no se puede uno ir de vacaciones, o permitirse un lujito o comprarse esto o lo otro… y qué… si hago lo que quiero hacer e invierto mi tiempo en no perder el tiempo haciendo cosas que no me gustan.

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Thursday, August 9, 2007

estado comatoso

Y le besó.

Sentirse culpable por algo mal hecho es bueno. Eso significa que sientes.

El primer paso es darse cuenta de que está mal. Si uno no supiera eso, entonces, sí que realmente la cosa estaría muy muy fea.

Las decisiones. Tomar decisiones no es nada fácil. Ya no solo decisiones en las que estamos implicados nosotros mismos, sino los demás. Y uno no se atreve a moverse por miedo a hacer daño, y en realidad ya lo estás haciendo con sólo mantener esa actitud. En estos casos, la experiencia me dice que hay que actuar rápido y limpio. Uno, dos, tres y arriba, con un chasquido de decos. Y tomar la decisión y que el tema toque su fin para poder seguir adelante… pero ésta es, sólamente, la teoría. Teorías que todos sabemos y que a veces somos incapaces de llevar a la práctica.

Yo he decidido quedarme plantada, como un pasmarote, y no hacer NADA. Eso es lo que mejor se me da, y es que estoy bloqueada. Una ya no sabe lo que quiere y lo que no quiere. Y precisamente se trata del verbo querer. Que da muchos problemas.

Querer o no querer… esa es la cuestión. Y es que estamos aburridos de frases hechas y de historias de amor que son iguales para todo el mundo. Uno se cree especial y resulta que todos somos amantes de, novios de, los pederastas de… y creemos que estamos viviendo algo nuevo y mágico… y no es nada que no haya sentido alguien antes… pero por lo menos sabemos que es nuevo para nosotros y, supongo, eso es lo que importa, lo que cuenta.

Un problema gordo es cuando te dicen que te quieren y el otro no dice nada. Huele a chamuscao. Uno no puede decir te quiero cuando te están puteando, no puede… pero se hace. Hay como unas reglas invisibles que advierten que estamos en estado de guerra… y decir te quiero es jugar sucio. Es chantaje!

Decir te quiero y no obtener respuesta… qué demonios estás pensando… por qué me lo dices, por qué no te respondo. Igual sólo te quiero, igual sólo te deseo… igual sólo quiero besarte y olvidarme de todo lo demas.

Comienzo a cansarme de los temas de amor, estan muy ajados y ya no es ninguna novedad…. desde hace siglos.

Los blogs de amor abundan tanto como las malas hierbas. Y aun así nos siguen interesando.

 

Pues yo igual ya no se decir te quiero, igual ya ni siquiera quiero decirlo. Igual, a veces, no lo siento… pero sí que te deseo.

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Monday, August 6, 2007

ir a este link

jamas hubiera expresado tan bien lo que pienso como esta mujer. Y yo pienso lo mismo que ella:

atención, el artículo está un poco más abajo y se llama : una opinión más.

http://buscomisitio.blogspot.com/2007_06_01_archive.html 

 

Pasen y vean, señora, es usted la puta ama.

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recorteS

hoy, no me puedo levantar. Ya son las 10.30 y todavía, todavía, no. tengo los ojos pegados, no paro de bostezar, y el resplandor de la pantalla me provoca picor en los ojos.

Fin de semana excelente si no fuera por la crisis nº 1145. Esto empieza a tener más capítulos que “el cor de la ciutat”. Ahora no sé por qué exactamente empezó la cosa. Un ataque de celos, creo. Bueno, luego siguió con el típico “esto no funciona” y luego “¿no deberíamos dejarlo?” Al final todos a casa, todo bien.

Hicimos un excelente acuapark en una rotonda al volver de la discoteca. Yo me mojé entera, el resto no. Se me colaba el agua por las zapatillas cuando me metí en el coche.

He dejado de recordar lo que sueño. Igual es por culpa de los putos mosquitos, que me tienen amargada. Me he convertido en una asesina en serie. jojojojojo.

Odio mi trabajo, es muy aburrido. Cuanto más trabaje antes se acabará, pero como me aburre tanto no trabajo casi, y entonces sé que tardaré más en acabar, por lo tanto me aburriré durante más tiempo. PSSSSSSSSSSSS

Y también vi un cactus gigante.

Y un niño me miró las tetas en la playa… para una vez que hago topless me han marcado de por vida!

Sol excelente. Comida excelente. Buena compañía.

Me gusta la “ñ”.

 

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Friday, August 3, 2007

to be continued… by you…

 

Al girar la esquina se lo encontró de frente. Él todavía no la había visto, y ella siguió caminando, la vista al frente, sonriente. En cuando la vio, se puso recto.  Quién lo iba a imaginar, después de meses buscándola con la mirada en cada calle, en cada tienda, en su portal… por fin, así, sin pensarlo, la encontró. Se pararon, y así, frente a frente, sonrieron.  Ella más que él, como si el tiempo nunca se hubiese parado para ellos. Los qué tal de rigor y los insulsos bien, bien. Quién lo iba a decir. El sol les daba en la cara, y era una tarde abrasadora a mediados de julio. Sin mediar palabra caminaron rumbo a su casa. Todo se dijo con la mirada, uno al frente, la otra gacha. Allí parados, sin apenas palabras. Pasó su mano, robusta y fina, sobre su cintura, y la empujó levemente. Sí, vamos.

Recorrieron el corto trayecto casi en silencio, comentando pequeños detalles banales de la vida. El trabajo, la familia… al llegar al portal él sacó las llaves. Advirtió que estarían solos, ya que la puerta tenía puesto el doble cierre.

“Dime, todavía…”"Sí”.” Bueno… podemos eludir ese detalle”. Lo miró en silencio. “Sí”.

“Quieres tomar algo”. “No, gracias”.

Incómodos, como almidonados, el uno apoyado en la mesa de la cocina, y el otro mirando hacia la puerta.

“¿No me vas a enseñar tu casa?” le dijo. Y fueron a la habitación. Se vieron de nuevo uno frente al otro, esclavizados, encandilados, con la respiración rápida y el pulso acelerado.

“No puedo soportarlo más”. “Uffff, no me digas eso”.

Y se miraron, de nuevo, pero esta vez más cerca, peligrosamente cerca. Ligeramente de puntillas, sus manos casi rozándole… y él la cogió con fuerza y la asió contra sí. Si el todo fuera un beso, sería ese beso. Prolongadamente reprimido, largamente deseado. La concentración de meses y meses de deseo. Y se recriminaron el no haber sido libres antes. Y todo fue como un delirio, de vergüenza y asalto, de nervios y tiranía.

Ella no cerró los ojos ni un instante, allí, bajo la luz de media tarde sus ojos brillaban, y cuando la besaba los cerraba como inmerso en un sueño. La cogía por el culo, le acariciaba la espalda, la tomaba por la cabeza y la besaba, la besaba tanto que ella creía ahogarse. Y sólo podía mirarle, mirar sus cejas, sus pómulos, su nariz. Como si no le hubiera visto nunca antes.

No podía concentrarse en lo que estaba haciendo, porque no acababa de creérselo. Como si fuera un acto artificial.

No podía hacerlo, aunque ya no había marcha atrás. Le tomó por las manos, se sentó sobre él, y suspiró.

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