O a alguien que existió.
Que quizá ha cambiado.
Cuando me abraza… ya no siento sus abrazos. Sólo el calor.
Y si me besa, ya no siento la pasión.
Si me mira, ya no tiene gracia.
Si me exitiende sus manos… se quiebra el aire.
No se a dónde se ha ido… pero no va a volver.
No encontraré nunca una cara como la suya, ni un cuerpo como el suyo. Su olor, sus besos, sus expresiones sus miradas. Aquella insipidez. Aquel querer quererme. Nunca fui nada.
No entiendo por qué sigo recordando sus labios. Y por qué me recuerdan tanto a él. Le veo en cada rostro, en casa palabra que sale de sus bocas. Le veo en mi cama. Le veo en otras personas. Y ya no se quién es quien no llega a la altura de quién.
No sé cuales fueron ni sus primeras, ni sus últimas palabras. Pero siempre las sobrevaloré.
Creo que siempre le tuve en un puesto demasiado alto.
Y a otros que se lo merecieron más… en un puesto demasiado bajo.
En cualquier caso… él, siempre él… en mi memoria. Porque el primer amor… es… mucho. Mucho.