odio
No me llevo bien con mi hermano. Y he estado saliendo con alguien, casi, igual. Me siento como traicionada, como si me hubiesen estado ocultando esa segunda cara que hay bajo nosotros y que no descubrimos hasta que no conocemos un poco más a una persona.
Nunca creí que pudiese volver a sentir ganas de pegar y escupir a alguien a la cara.
Nunca creí que pudiera odiar a alguien tanto como para querer que se haga daño. Incluso me sorprendí a mí misma pensando que quería que se fuese al carajo, cuando yo no soy para nada así. Alguien que despierta tanto odio en mi… no debe estar a mi lado.
Alguien que me hace plantearme constantemente si hice o no hice algo mal, si cometí o no un error… no merece estar a mi lado.
A menudo pienso en por qué yo seguía pensando sexualmente en otra persona mientras estábamos juntos. La única conclusión a la que llegué es que he estado así toda mi vida, y supongo que estaré así siempre. Necesito la atención constante de algún macho de la manada. Y si son dos, mejor. No intento excusarme, pero en lo que pienso es en este instinto animal que me hace no poder pensar.
A pesar de ello, a pesar de las tentaciones, a pesar del querer o no querer… creo que nunca hice nada malo.
Una persona que asedia, persigue e insulta no debe estar a mi lado.
Alguien que utiliza las cosas que escribo, y que portanto siento, no debe estar a mi lado.
Y me sienta mal haber entregado a una persona tan poco noble unos momentos que para mi fueron tan preciados. Cada vez que dormíamos juntos. Cada momento que compartimos en cocinas, sofás, habitaciones, salones, jardines…
Cada vez que le abrí las puertas de mi casa y las de mi nevera (escasa, pero nevera). Todos los desayunos, cenas y cervezas que compartimos. Todo el sentido común que puse en nosotros.
Quizá nunca estuve enamorada… creo que ya gasté mi oportunidad de estarlo… hace mucho… pero sí que quise mucho a alguien. Y ese alguien, es a quien quiero escupir en la cara.
Ni siquiera tengo un vocabulario tan soéz como para decirle todo lo que siento. Y es mucha, mucha rabia. Y mucha impotencia, de que alguien que me enseñó que podía ser dulce… SEA TAN MAMONAZO.