vuelve…
He recuperado la ilusión y la emoción que perdí hace meses. No sé cómo pude vivir sin ella.
Me veo haciendo cosas diferentes y totalmente nuevas para mí. Me veo enfrascada en otra vida que no había imaginado. Igual el simple hecho de haber imaginado y dado por hecho que haría ciertas cosas, al no hacerlas ahora, me hace recobrar ese brillo en los ojos que me dicta que hago lo correcto. Algo nuevo y emocionante.
Me siento (siempre hablo de mí y mis sentimientos, un poco repetitivo, pero es lo que hay). Me siento como una niña con ropa nueva. Tienes que esperar al domingo para poder ponértela. Y cada día la ves colgada en el armario. Y esperas. Y cada día la miras con ganas y te dices… que ganas tengo de que llegue el domingo. Espero no esperar demasiado, las polillas podrían comerse mi vestido.
Hace frío, pero el cielo brilla. Las cosas tienen un resplandor que me ciega al caminar. Miro a mi alrededor como si lo viese todo por primera vez. Como a través de un cristal tan nítido que casi se puede sentir el aire. Pero no tienes frío. Cómo me siento. Es como si no me siento. ¡Estoy flotando!
No hay dificultad. No hay obstáculos. Mi mente es libre. Mi cuerpo es libre. Y me siento en paz. ESTOY EN PAZ.
Me han pasado muchas cosas buenas estos últimos meses. Me he sentido muy bien y he estado como nunca he estado.
No obstante las últimas semanas han sido como una larga pesadilla de la que no me podía levantar. Todo era negro y estaba constantemente huyendo del pensamiento, del grito, del sonido, de los reproches. A veces las cosas bellas se deben guardar antes de que se pierdan. Sino pueden perder su valor.
Me pregunto muchas cosas sobre las cuales ya tengo respuesta. Pero no puedo evitar preguntármelas una y otra vez. ¿Por qué? ¿Para qué?
Suelo pensar, da igual, yo ya se lo que me hago, no debo seguir los patrones de la sociedad. Pero esta vez me siento con el deber de hacerlo.
Dice la canción de “Volver”:
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor…
La vieja calle donde el eco dijo
tuya es su vida, tuyo es su querer,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver…
La primera vez que escuché esta canción, siendo consciente de lo que decía, se me hizo un nudo en el estómago. Es cierto. Siempre vuelvo a él. Siempre me retumba su nombre en mis adentros. Siempre le llevo conmigo. Mi vida es suya. Pero no me siento prisionera. Y aquí me encuentro, casi 8 años más tarde, prisionera de nuevo de unos ojos, de unos labios, de una nariz. De un olor, de unos brazos. Cómo dos personas pueden estar tan lejos y sin embargo seguirse sintiendo. Se me revuelve el estómago de emoción. De ese rencuentro casi imposible, recreado, tantísimos años adelante. Hoy le llamo. Y mis músculos están en tensión pensando, cómo será.
Como si me hubiese transportado a un universo paralelo en que aquella persona, con 15 años, hubiese elegido el mismo destino que yo, y ahora se encontrase aquí, conmigo. Y no me lo puedo creer.
Igual es porque siempre todo es perfecto al principio. Igual por eso conviene esperar.
Siento muchísimo que este post sea tan confuso. Me gustaría ver reacciones extrañas hechas comentarios.
Sed libres de pensamiento.