petit text d’un jour de automne
Hasta que no me he quedado en blanco no me ha venido a la cabeza. Claro, ¿qué me está pasando? Cuando le miraba no lo hacía de forma natural. Lo hacía con esos ojos que hacen pensar que cada movimiento cuenta. Que ese o aquel gesto lleva un significado implícito. Con una mirada que todavía mantiene la esperanza y se niega a ver la realidad. No he mirado como tenía que verlo. Me he sentido como delante de un cuadro hermoso colgado en una gran pared de una sala acogedora en cualquier museo de Europa. No veía lo que tenía que ver. Veía las gotas de lluvia en los cristales. Los colores reales de las cosas. No veía los sentidos ocultos de las palabras a contra luz. Ni las chipas que la ilusión hacía surgir.
Y ahora lo veo claro. El negro no era negro, ni el azul era azul. ¿Qué ha sido que me ha cegado? ¿Qué hay que no me ha permitido ver con claridad lo que se esconde tras mis ojos ilusos. Tras los suyos.
No voy a darte esperanza. Porque yo también la necesito. Me alimento de ella. Es ella la que me pone nerviosa, la que me hace dudar. La que no me deja articular palabra. La esperanza es una hija de puta que me tiene atrapada. Que me obliga a respirar sin yo quererlo y se bebe mi vino y se come mi pan. Puta, que puta eres esperanza. Que no nos dejas libres.
Y la duda… ¿y si…?
Cuando era pequeña, en los libros salían dibujos de niños jugando con las hojas caídas de los árboles. Siempre pensava que en cuanto saliese y me encontrase un arbol con las hojas caídas iba a hacerlo. No es una imagen muy usual, al menos donde yo vivía. Las hojas suelen estar esparcidas, mojadas. Pero recuerdo un día en que había muchísimas en un parque de al lado del colegio, y estaban secas, y yo iba con alguien. Acabamos jugando con las hojas como en los libros, y fue divertidísimo.
La esperanza es una hija de puta.
Pero normalmente el sentimiento de esperanza viene de uno anterior llamado ilusión. Y sin ilusión si que no se puede vivir … :S
Besote.