petit text d’un jour d’été
Cogió el bolso, las llaves y tras echar un corto vistazo sobre todas las cosas para comprobar que no se dejaba nada abrió la puerta, y allí estaba él, yendo hacia la puerta. Y sin cerrarla y sin hacer nada dejó caer el bolso al suelo y le besó. El beso más dulce y más suave que nunca le habían dado. Él permaneció rígido, con los brazos colgando, sorprendido. Y se dejó llevar. Como si una bruma espesa la hubiese nublado el entendimiento. Y pensaba en besarle, sus labios carnosos, su lengua en su boca. Sus pequeños ojos rasgados. Y ya no le besaba a él, sino a su presencia. Su sonrisa inocente y sus movimientos torpes. Sus manos anchas que tocaban su cintura, apenas rozándola. Su voz y su tono.
Y salió un gemido de su boca. Me tengo que ir. No sé qué he venido a hacer aquí, no tenía claro siquiera si iba a llamar a la puerta, pero de pronto has salido. Tenemos que dejarlo.
Vaya…sin la última frase habría sido la escena más preciosa todavía…pero bueno, supongo que hay cosas que tienen que ser así para que se vivan intensamente y se recuerden aún con más ganas.
Un besote.
muy bonito.besos.