Thursday, September 20, 2007

vida después de la muerte

Ahora que ya no hace calor de piscina, y que comienza a soplar el viento.

Ahora que al cruzar la esquina debo sujetar mi chaqueta y veo las hojas pasar de largo.

Ahora me acuerdo, que a veces, es más duro el recuerdo. El recuerdo de un otoño y de un invierno. Y de dos, y de tres, y de cuatro. Que me pesan en los hombros.

Ese invierno… cuántos recuerdos.

Tengo miedo de esos momentos en los que ya no le das un beso a la otra persona al despertar. En la que no te preocupas por su desayuno y menos por su comida. Cuando llega un momento en el que estás en esa cocina tan pequeña, tan estrecha, y ni siquiera os tocais. Cuando te das cuenta de que ha dejado de mirarte con esos ojos, y ya no tiene ni gracia. Que estas haciendo algo que te cuesta y no lo valora, y no te ayuda. Cuando eres capaz de ir más allá de la esquina sin esa otra persona. Y puede que no te plantees nada. Puede que no pienses qué está pasando y sigas adelante. Pero un día dejas de arreglarte, dejas de quererte a ti mismo, y dejas que esa inercia os persiga a los dos. Y miras a otros por la calle. Y comparas y todo parece mejor.

Ya no sientes curiosidad, porque ya lo sabes todo.

No tienes nada por lo que preocuparte, ya es tuyo.

Y te aburres.

Entonces… ¿Qué haces?

Igual deberías recordar aquellas mañanas en las que te despertabas un poco antes del trabajo para hacerle unos arrumacos. En los que ibas a buscarle a la salida. Cuando le dabas esos besitos tan tiernos mientras hervía la pasta. En aquel sábado en la playa, o aquel domingo de excursión. En las vacaciones que pasasteis juntos. En lo bien que te sientes al llegar a casa y saber que te está esperando.

Y sientes, que todavía esperas algo más… y que llegará… y seguramente todo saldrá bien, y te gustará.

No hay que pensar en la muerte, sino en que la vida de los demás continua.

Posted by bisouemoi at 15:53:57 | Permalink | Comments (5)

Creo que me entró por los ojos… como esos caprichos que nos compramos sólo porque están bonitos y relucientes en los escaparates. Luego no los volvemos a usar nunca porque en nuestro armario no quedan tan bien, y en nosotros mismos menos.

Así que creo que aquel día simplemente me entró por los ojos y lo quise comprar. Luego supongo que me vendió sus maravillas y yo decidí comprarlo.

Tan arregladito, bien vestido, bien peinado. Con esa pose que tiene. Con esa manera de andar tan decidida.

Tan atento y detallista.

 

 

Posted by bisouemoi at 10:25:19 | Permalink | No Comments »