para que tu me oigas…
para que tu me oigas…mis palabras, se adelgazan a veces, como las huellas de las gaviotas en las playas.
Je veux fuir. Loin, loin… de tes bras, ta mémoire, ton visage, ton dos.
Me había montado un fin de semana de ensueño en mi cabeza. Como una pequeña isla, como un oasis, como un lago en medio del valle… me había permido el lujo de imaginar miles de detalles… y al final, no voy a hacer nada.
Suele pasar, supongo, cuando avanzamos acontecimientos, y luego nos damos cuenta de que la resputa final es un “no”. No puede ser, y ya está.
No obstante estoy feliz en mi pequeña evasión, una semana para mí y sólo para mí en la que está prohibido el paso a personas no autorizadas.
No tengo miedo, y creo que no lo tengo porque estoy ocupada. Cuando uno tiene mucho tiempo para pensar acaba haciendo perlas de granitos de arena. Esta semana no.
Ayer me sentí muy bien, excepto por un momento más o menos de sentirme culpable, pero se me pasó pronto.
Haré un pequeño resumen de mi día como ayer:
Vine al trabajo, salí a las tres, comí arroz y tomate (sin nada más, debería plantearme comprar comida preparada), me fui pitando a la biblioteca, estudié, traduje, luego al salir fui a casa, intenté traducir un poco, pero hice muy poco. Cené, estuve un poco hablando con mis compañeros de piso. Luego la llamada, me duché y me depilé y me embadurné en crema mientras veia “A good year”. Que ya la había visto, por eso no me importó verla con la depiladora y toda la pesaca. ñiiiiiiiiiii rriiiiiiiii. Total, que luego no pude dormir, me masturbé, y caí como un tronco.
Hoy me ha costado un poco levantarme, será que hoy si que me pesa la conciencia. Aishhhh mala conciencia. Amiga de los juiciosos y traidora de los mentirosos.
Y mi fin de semana de lujo consistía en alquilar un coche por un día e irme a cascarmela al monte basicamente. También podría ser playa o piscina… creo que me da un poco igual. De cualquier manera consistiría en tirar la casa por la ventana. Intentar comer bien, y estudiar un poco. Dormir a pierna suelta. Me imagino a mi misma tomándome una taza de té tranquila en el sofá. Me imagino pueblos y paisajes desconocidos. Y me imagino cumpliendo con mis deseos, para dejarlos escapar, por fin, libres.