Monday, August 27, 2007

Muchas veces me he preguntado sobre el amor. Valiente traidor, que nos abandona una y otra vez, y siempre volvemos a confiar en él.

 

Ayer quise inventarme una historia. Y es que me pongo melancólica cuando miro por la ventana.

 

Resulta que en mi habitación siempre he tenido una ventana que da a la calle (yo sin ventana no puedo vivir), y en casa de mis padres podía pasar tardes y tardes enteras mirando a la calle apoyada en mi escritorio con los libros delante. Conforme avanza el día y se va oscureciendo, bajo la luz de la lámpara me veía reflejada en el cristal. Y ya tenía dos quehaceres, mirar a la calle, y mirarme a mi misma. Y este año, la historia se repite, no solo tengo una gran ventana al exterior con unas vistas impresionantes, sino que además el escritorio está delante. El resultado es cero studing. Voy a tener que abonarme de nuevo a la biblioteca.

 

En fin… pues a ver si me sale una de esas pequeñas historias inspiradas por mi ventana.

 

 

 

Eran las tres de la mañana. No podía dormir. Hacía un calor sofocante en la habitación y se sentía inquieto. Previó que ya no dormiría, así que se puso una camiseta y un pantalón de deporte, calzó sus deportivas, y salió a la calle. Al abrir la puerta sintió un golpe de aire fresco. Miró a ambos lados de la calle, y justo, en la esquina de la derecha, le pareció ver una sombra. No puede ser, no será ella. Decidió perseguirla. Fue a paso rápido hacia la esquina… pero no había nadie. Adivinó que quizá, había ido hacia la siguiente calle, hacia su casa… y emprendió el camino a paso ligero. la luna dominaba el cielo, que bajo las farolas se veía anaranjado.

 

 NO… mejor lo dejo, esto es una mierda.

 

Ayer abrí el armario, como todos los días, y miré a lo alto. Vi una caja en la que tengo unos trastos desde hace 3 meses. Esos objetos y papeles estaban en mi vida diaria de manera continua. Y me puse a llorar. ¿Cuántas cosas he ganado y qué he perdido en este tiempo?¿Cómo podemos ser tan inconscientes y no darnos cuenta?

 

E imaginé que cogía esa cajita y recolocaba los objetos de nuevo en mi vida. Pero no serviría de nada, porque solo estarían allí de postín, de reclamo de cosas que no merecen atención. A veces me gustaría dejar de respirar, porque la realidad se me hace dura.

 

Odio mi cama, no me deja dormir bien.

 

Y le dijo que había un país lleno de cipreses. Que en él aquel árbol no significaba muerte, reposo, tristeza y soledad, sino vida. Un país en el que confiaban su vida a su sombra. Su altura y majestuosidad. Y ella decidió hacer su propio país de cipreses.

 

Esta noche me paso por el cementerio a ver cómo están… les echo de menos.

Posted by bisouemoi at 11:32:54 | Permalink | Comments (2)