Monday, August 20, 2007

para celebrar que llueve

Una cortina de lluvia atrapó todo aquello que se encontraba a una distancia de más de dos metros. Tras el cristal María sostenía el teléfono.

“Hola Julián, he llamado a Tere y me lo ha confirmado, esta vez Manuel se ha pasado”.

“Buah, la que se va a armar”, contestó Julián, ahora mismo le llamaré para que me cuente, y de paso le dejaré caer lo que me has dicho. “Sí, pero no le digas que he sido yo, que luego la otra me mata”. “No, no, tranquila. Bueno, oye, nos vemos luego, ¿vale?”. “Vale, y me cuentas” “Ja, ja, sí, ya te contaré”.

“Oye Manuel… que ya me han dicho, Don Juan… jajajajaja”. “Anda cariñoso, no me jodas, ¿quién te lo ha dicho?”

Julián y Manuel eran amigos de la infancia. Ahora el primero salía con María y el segundo con Tere. Tere, además, conocía a Elena, quien hacía apenas una semana se había acostado con Manuel. Por supuesto éste había seguido como quien no quiere la cosa. Elena, enamorada, se había encontrado con Tere, quien, siguiendo sus instintos de mujer, se había dado cuenta de todo.

Después de todo, Julián estaba celoso, pues su amigo se lo había montado con las dos mujeres que él más había amado, y todavía amaba. Sin saber a cuál de ellas quería más se había decidido por María, una niña bien muy formal y que le quería mucho.

“Bueno, pues ya me estás contando, qué tal se lo hace, cuál es mejor, mira que te lo tenías calladito… ahora ya los amigos no contamos ¿eh?” Pero en realidad estaba más dolido de lo que pensaba.

Dicen que los chicos no lloran, pero Elena había visto más de una vez a Julián, que se hacía el duro, pidiéndole que le quisiera, que él haría cuanto ella pidiese. Que se entregaría hasta el final de sus días, se plantaría a sus pies y la seguiría al fin del mundo. Sus ojos enrojecidos de tristeza y de amor desesperado. Que le llevase con ella… que no le dijese “no”.

Y allí estaba ahora, viendo una película con María mientras fuera llovía a cántaros. Qué tragedia el amar y no ser amado y estar con alguien casi por hacerle un favor. Sentía que estaba con ella por pena, porque al fin y al cabo la quería y, como no tenía a nadie mejor con quien estar, la había aceptado y recogido en sus brazos. De vez en cuando dejaba arrastrar un ” te quiero” premeditado con el que la hacía feliz. Y se alimentaba de su sonrisa ingénua e inocente, totalmente ajena a la lástima que sentía por ella.

Alguna vez la quiso dejar, por dejarse de engañar a él mismo. Pero no lo hizo, porque no tenía nada mejor, porque ella era feliz, porque verla sonreír le gustaba.

 

 

Posted by bisouemoi in 09:42:44 | Permalink | Comments (3)